Eres todo aquello que ya no hago
El café que ya no bebo
Los cigarros que ya no fumo
Los lugares que ya no frecuento por temor a encontrarte
Eres los libros que me he prohibido
La música que ya no escucho porque no quiero llorar
El “te amo” que ya no digo ni tampoco escucho
Eres lo que aún quiero y no podré tener nunca más
Eres todo lo que siento que me hace falta, pero que ya no necesito
En resumen, eres como el alcohol que ya no bebo -porque me hace daño- pero que no por eso me ha dejado de gustar.
Confesiones en una noche melalcohólica, Ricardo G.
